DayDream I: Barcelona
Aterrizamos poco después del amanecer en la ciudad condal. El reloj no alcanzaba ni las 8 de la mañana.
Para conseguir estar a esta temprana hora, hubo que levantarse a las 5 de la mañana.
“A quien madruga Dios le ayuda” reza el dicho popular. Confiemos en ello, porque abrir los ojos a las 5h mientras suena el chirriante sonido de mi despertador es una experiencia de todo menos religiosa.
Esto se veía desde la ventana del avión justo antes de aterrizar:
El aeropuerto de Barcelona es un aeropuerto normal. Nada extremadamente especial que destacar.
Como curiosidad decir que vimos a una chica sujetando un cartel en el que se leía DAYDREAM, tuvimos miedo de que hubieran descubierto nuestra secreta identidad, pero al pasar por su lado y observar que no nos decía nada, nuestro corazón se tranquilizó.
El festival no daba comienzo hasta las 16h, por lo que vimos conveniente visitar la ciudad de la forma más religiosa posible.
Tomamos un bus urbano. Aquí nos encontramos con la primera premisa poco católica: los precios. Un autobús desde el Aeropuerto hasta la Plaza de Cataluña cuesta la friolera de 4 euros.
Desde AménHermano creemos que los tópicos con los aviones murieron hace tiempo, ya no es algo “elitista”, y si los precios de los aviones bajan también deberían bajar los precios de los transportes urbanos hasta el Aeropuerto.
Pagamos religiosamente y montamos. Por el camino observamos cosas muy positivas en favor la tolerancia. Muchos rótulos de comercios estaban en castellano, otros en catalán y otros en ambos. Incluso vimos como una cafetería se llamaba “España”. Esto tiró por tierra bastantes mentiras que nos intentan meter en la cabeza. Barcelona es tolerante, punto a favor.
El siguiente paso fue desayunar. El lugar elegido fue un establecimiento de la red StarBucks. Aunque el café no es malo, los precios eran abusivos y no aptos para todos. El café debe ser d para todos.
Curioso el hecho de que te pongan tu nombre en el vaso, aunque por desgracia no suelen acertar del todo:
Nuestros nombres reales son iguales que los de dos personajes de un portal de Belén tradicional, y puedo asegurar que no existe ningún personaje con el nombre de “André” o “Mariana” en el nacimiento del Señor.
Llegados a este punto, estabamos preparados para hacer turismo religioso. Las dos paradas principales estaban decididas de antemano: Sagrada Familia y Catedral. En ese orden precisamente.
La Sagrada Familia es alucinante, nos gustó mucho su arquitectura, algo así como si la imaginación se pusiera a los pies de la fe.
Es como si intentará salirse del guión de la Iglesia, como una nueva adaptación de la vida católica en si misma, una modernización de los arcaicos ritos que deforman dan forma la religión.
Una pequeña sonrisa nos iluminó al darnos cuenta de que salvando las distancias perseguimos lo mismo. La religión necesita modernización, ya sea con algo tan alucinante como este edificio o con un humilde fanzine.
Pero esta claro que es un proceso lento. Como metafóricamente nos dicen las gárgolas de la Sagrada Familia (son caracoles) o sus escaleras (prácticamente todas son de caracol). Vísteme despacio que tengo prisa.
Por desgracia, la mayoría de la gente no alcanza a comprender este simbolismo y se contenta con plantarse unos pantalones cortos bien subiditos (al más puro estilo “guiri”), hacer muchas fotos e ignorar las explicaciones del guía. Ejemplo:
Tras esto, nos dirigimos a la Catedral.
Entramos a su claustro (gratuitamente por cierto) y vimos como prohibían la entrada a una chica. Está prohibido entrar mostrando hombros o rodillas.
Este tipo de normas nunca las he acabado de entender, pero en parte las veo comprensibles. Si nos obligan a entrar a salas llenas de humo y desperdicios con zapatos (vease discotectas), a un lugar tan importante como es una catedral no está de más algún tipo de norma de vestuario (lástima que si que dejen entrar con chándal y/o riñonera).
Además, en las catedrales hace fresco, todos ganamos.
Lo primero que me llama la atención es que dentro del claustro hay ocas, y no entiendo muy bien porqué:
Tienen pico de no tener ni idea de donde las han metido. Una de ellas tenía una graciosa cresta (¡BRUJERÍA!)
Algo maravilloso de este claustro es que tiene WC. Creo que es la primera vez en mi vida que he orinado en una Catedral Católica, este día no lo olvidaré nunca.
NOTA: en una anglicana pude hacerlo hace un par de años, pero tiene menos mérito, dentro de esta había hasta un restaurante.
Lo que observé en este claustro es que estaba impregnado de un excesivo espíritu comercial. Había unas 7 imágenes y en todas podías dar limosna. Sus carteles solicitandolo eran más grandes de lo normal, lo cual resultaba amenazante.
No obstante, nos decantamos por ofrecer nuestra humilde donación a nuestro Santo favorito de los que allí había: San Judas Tadeo (el Judas “bueno”). Aquí la prueba:
Otra prueba del espíritu comercial es la siguiente:
¿Qué sentido tiene apadrinar una piedra?, creo que en el mundo hay cosas más importantes que apadrinar, como niños que mueren víctima del hambre, y hasta que no se garantice el bienestar de éstos creo que no es el momento de empezar a apadrinar seres inertes. Tontería suma donde las haya.
Otro ejemplo (aunque más tradicional):
Lo de la dichosa casillita siempre me ha parecido mezclar religión con política.
Al salir del claustro, nos encontramos con algo sensacional: ¡un mercadillo!.
El cual no era el típico mercadillo tradicional, es decir, de esos donde hay puestos con enormes letreros que pone “3 tangas 2 euros” y comerciantes con tan geniales esloganes como: “la cerilla larga señora, la que llega al calentador”.
En este mercado se podrían adquirir gran variedad de objetos antiguos. Destaco sobretodo este puesto:
Al fin pude comprar el niño Jesús sonriente en una cruz (sale de perfil en la foto) que mi abuela tenía en su habitación de invitados. Precioso.
Y poco más religioso que contar.
aa
En resumen, es verdad: Barcelona es una ciudad cosmpolita. Esto implica que la religión no está excesivamente presente. No obstante, tampoco se la margina, de hecho, se la respeta más. “Tú a lo mío, tú a lo tuyo” podría ser un buen titular sobre nuestra conclusiones.
El defecto fundamental es la ya nombrada comercialización de los edificios religiosos. “De algo hay que vivir” dice mi abuelo, pero actualmente hay más donde elegir por suerte, deberían replantearse mejor de que quieren vivir.
Parece mentira que notamos más tintes comerciales por parte de la Iglesia que de la promotora Sinnamon (organizadora del DAYDREAM). Apenas vimos carteles sobre el evento, lo cual les honra, nunca hay que avasallar. “Dejar que se acerquen a mi” dijo Jesucristo.
Vimos tan pocos, que en cuanto vi el primero tuve que fotografiarlo:
Gran diseño, mejor filosofía.
La paz sea con ustedes, Sinnamoners.









Junio 18, 2008 a 5:16 pm
qué tal estuvieron four tet y m83¿